En la noche del día primero de
noviembre, se origino la idea de ir a visitar un lugar famoso por sus
festividades de día de muertos, se encentra al sur-oriente de la Ciudad de
México, me refiero a uno de los pueblos que aun sobreviven en esta ciudad cosmopolita,
se llama Mizquic
Lo que no sabíamos cuando nos
embarcamos en ese viaje, es lo que nos esperaba tanto en el camino como en el
destino final. En el camino nos encontramos en zonas no muy seguras de la
ciudad, en dónde en cada esquina podría haber alguien esperando no con las
mejores intenciones, además de que las calles parecían un tributo a Goloteo, sí,
a San Goloteo, es por eso que la primer parte del camino fue algo movida. La
segunda parte del camino habrá sido de las pérdidas de tiempo mas grandes en mi
vida, ya que en un trayecto de no mas de 10 minutos en auto perdimos cerca de 2
horas. El caos estaba a la orden del día.
Una vez atravesado ese camino tan
tortuoso, llegamos por fin a lo que prometía ser un gran recuerdo de día de
muertos, o eso creí. Lo que encontramos fue un mercado, con una cantidad enorme
de gente, y sin ningún atractivo real, ya que, por el tráfico ya descrito, habíamos
llegado demasiado tarde para visitarlas partes que realmente valían la pena del
lugar. Solo encontramos un mercado lleno de personas disfrazadas, y ciertos
personajes en estado inconveniente. La moraleja que me deja esta experiencia es
que no debo salir a un lugar tan concurrido como Mizquic, si no lo he planeado
antes.
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