lunes, 26 de septiembre de 2011

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La aventura llego, no sé cómo lo logramos, pero al fin lo hicimos. Ese día me levante temprano pensando que tal vez seguía dormido, soñando con algo que yo veía inalcanzable; pero ni fue así, era completamente real lo que estaba experimentando. Me apresure como nunca antes lo hice, quería estar a tiempo en donde tú encontrabas; quería llegar antes de que posiblemente se acabará este sueño.
Arribé, todo era confusión, ya que todo lucía sombrío y callado; de pronto como se abre ante mí una puerta que revela en su interior, que atesora un gran rayo de luz, una hermosa fila de perlas se acomodan con amable gesto, era tú sonrisa. Era complicado pensar que no estuviera soñando, todo esto lo había imaginado tantas veces; seguí a esa luz que me conducía a otras habitaciones en donde aunque todo era silencio e incertidumbre, me sentía seguro de que esa luz tenía algo especial que haría que todo saldría bien.
Por un momento perdí de vista a ti mi luz, pensé que todo acabaría, que pronto despertaría en mi cama una vez más, pero no fue así; solo me tomaste de la mano, me arrancaste una sonrisa y con tan amable gesto iniciamos nuestra aventura…

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